| El Renacimiento y la conservación artística |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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El Renacimiento es un periodo con dos caras bien diferentes. Por una parte, su adoración cultural y artística por la antigüedad clásica hizo posible una sensibilización hacia el valor de los restos antiguos y un deseo coleccionista de muchos de ellos, lo que repercutió en un interés arqueológico que rescató y restauró muchas obras antiguas. Pero por otro lado, el Renacimiento también supuso la destrucción o la manipulación de obras de arte por diversos motivos: falta de criterios técnicos, intervenciones militares, abusos de propiedad y finalmente razones religiosas, que sobre todo al producirse el enfrentamiento entre católicos y protestantes llegó al cénit de las intervenciones por razones de puritanismo, cuando no la destrucción de obras que no se consideraban ajustadas a los nuevos credos. Fruto del interés arqueológico se descubren y rescatan para la posteridad en esta época obras como el grupo del Laocoonte en 1506, años más tarde el Hércules farnesio, o Apolo de Belvedere, el Torso de Belvedere o Hubo también cierto celo restaurador con algunas de estas obras antiguas, lo mismo que con obras de contemporáneos. Así el caso del Laocoonte, que hallado sin un brazo, se procedió a una doble actuación sobre él: se hizo una copia en bronce, obra de Sansovino y otra en mármol por Bandinelli, y además se intervino en el original, añadiéndose un brazo nuevo en terracota, obra de Montorsoli, brazo que tiempo después se volvería a quitar. También se trataron con mimo obras de los grandes maestros de la época, recompensándose generosamente a quienes intervenían en la restauración o en la conservación y transporte de alguna de estas grandes obras. El mismo Felipe II cuidó con especial esmero el traslado así como la conservación de las pinturas del El Escorial. Pero el Renacimiento como dijimos también tuvo su cara negativa. Algunas veces con actuaciones protagonizadas por los propios artistas, como cuando Miguel Ángel borró los frecos de Perugino para pintar encima su Juicio Final de Con todo, el mayor daño al patrimonio de la época lo produjeron los conflictos político-religiosos. Primero el famoso saco de Roma, en el que los excesos de las tropas imperiales destruyeron buena parte de
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