El Pabellón de España en la Exposición Internacional de París 1937. PDF Imprimir Correo
(3 votos, media 4.67 de 5)
Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

EL PABELLÓN ESPAÑOL EN LA EXPOSICIÓN DE PARÍS DE 1937.

 

_________

 

"Por el progreso, el trabajo y la paz"

Expo1937-06

Entre mayo y noviembre de 1937 se celebra en París una Exposición Internacional, que bajo el título "Exposición Internacional de Artes y Técnicas en la vida Moderna" y un lema lleno de esperanza "Por el progreso, el trabajo y la paz", intenta presentar al mundo una muestra de los avances técnicos y los trabajos artísticos más importantes del momento.

Como había ocurrido en todas las exposiciones Internacionales y Universales que se habían celebrado hasta entonces se trataba de una magnífica oportunidad de exponer los avances conseguidos por los distintos países, pero también de reunir a las naciones del mundo civilizado y tratar así de conciliar posturas enfrentadas y reducir la enorme tensión internacional que se vivía en aquel momento.

No era una buena época para Europa: en Alemania y en Italia se habían asentado firmemente regímenes autoritarios de corte fascista; Hitler había empezado decididamente su política de provocación al resto de los países de su entorno; la propia Francia vivía un periodo de inestabilidad política muy serio; la URSS, se oponía ideológicamente al capitalismo y los fascismos, arrastrando con ello al enfrentamiento cotidiano entre fascistas y comunistas en muchas ciudades de Europa, y lo más grave, en España ya hacía un año que había estallado una guerra civil, que no era sino un enfrentamiento entre democracia y autoritarismo. Una guerra que por ello mismo, estaba anunciando el inminente comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

En este ambiente ya fue un éxito que la Exposición se celebrara, pero aún lo fue más que resultara a la postre una de las mejores exposiciones de todo el siglo, por la calidad de las muestras y la enorme resonancia que tuvo en todo el mundo.

A ello contribuyó un especial interés de los países participantes por aprovechar la Exposición para hacer alarde y a veces propaganda de su poderío. En este sentido resultó significativo el ejemplo de los pabellones de Alemania y la URSS, dos construcciones colosales, situadas a la entrada del recinto de la Exposición y enfrente la una de la otra, como si en efecto fueran la metáfora perfecta del enfrentamiento entre las dos ideologías que representaban.

Pero también favoreció el éxito de la Exposición la calidad arquitectónica de los pabellones, la importancia de las obras artísticas presentadas, la participación directa de los mejores artistas del momento, e incluso, la presencia activa de un numeroso grupo de intelectuales de enorme relevancia, que conscientes de la gravedad de aquella situación histórica hicieron lo posible por trabajar en su remedio.

España no podía quedar al margen de aquel evento. La España oficial, lógicamente, la España democrática, la España constitucional, cuyas instituciones había elegido el pueblo: la España republicana. Era la oportunidad idónea para mostrarle al mundo la injusticia de aquella guerra iniciada por un golpe de estado militar, y también para gritarle al mundo democrático la gravedad de la amenaza fascista que se cernía sobre él.

Era una España en guerra, pero era una España lúcida, que en aquel momento contaba con una extraordinaria generación de artistas universales, de escritores brillantes, de arquitectos, de intelectuales. La España del "siglo de plata", así llamada por no hacerle sombra a la del siglo de oro, pero cuyos nombre propios alcanzaron la misma gloria (Picasso, Gris, Miró, Gargallo, Julio González...). La España de la generación del 27.

Realmente no era justo que toda aquella maravilla sucumbiera al capricho de unos cuantos militares visionarios. Y por ello, la España republicana participó en la Exposición con todo el entusiasmo que permitía la situación.

Allí estuvieron los arquitectos José Luis Sert y Luis Lacasa, autores materiales del magnífico pabellón español que pasa por ser una de las obras maestras de la arquitectura racionalista de vanguardia; artistas como Joan Miró, Alberto Sánchez, Julio González, Francisco Pérez Mateo, Helios Gómez, Gutiérrez Solana, entre otros muchos; la colaboración de intelectuales y escritores como José Bergamín o Max Aub; artistas extranjeros que ofrecieron su colaboración como Alexander Calder; y por encima de todos Pablo Picasso, ya entonces un artista de renombre universal que contribuye con cinco piezas de escultura (cuatro de ellas realizadas expresamente para la Exposición), pero que principalmente aportará al Pabellón la obra pictórica tal vez más trascendente de todos los tiempos: el Guernika.

Expo1937-09


El pabellón de España

Luis Lacasa & José Luís Sert

Expo1937-05

El pabellón con el que participa España en la Exposición de 1937 es obra de Luis Lacasa y José Luis Sert. Un edificio de estilo racionalista, relacionado con las principales tendencias de vanguardia del momento y que se terminó de construir en un tiempo récord, entre marzo y julio de aquel año de 1937, y por una modesta cantidad de dinero, apenas dos millones de francos de la época, que a día de hoy resulta aún más insignificante considerando la importancia de la obra.

Se trataba de una construcción de estructura sencilla, diseñado en una planta rectangular dividida en tres pisos: La parte baja actuaba como un amplio pórtico cubierto, en uno de cuyos muros se localizaba el Guernika y la famosa Fuente de mercurio de Alexander Calder; a continuación se pasaba a un gran patio central, cerrado por un toldo corredizo desde el cual se ascendía por una rampa exterior hasta la segunda planta.

Esta segunda planta se dedicó a la exposición de artes plásticas y artes populares, y dividía sus distintas secciones por medio de paneles móviles; el acceso a la primera planta se producía desde la segunda por medio de una escalera que enmarcaba en su rellano principal el gran mural realizado por J. Miró: "El payés catalán en revolución".

La primera planta se dedicó a la información general sobre múltiples aspectos del país, a base de numerosos fotomontajes y paneles.

No deja de ser curioso el sistema de comunicación entre las plantas, que obligaba al visitante a un circuito que iba de la planta baja a la segunda y desde ésta a la primera.

Al exterior, el pabellón mostraba toda la sencillez y funcionalidad de la arquitectura racionalista, de la que resulta un excelente exponente. Sus ventanas planas, sus soportes metálicos, su estructura rectilínea, su decoración frontal a base de fotomontajes móviles y sus toques de color en la fachada, convirtieron a este pabellón en uno de los más innovadores y sorprendentes de toda la Exposición.

Un edificio innovador y de perfecta armonía racional, que mereció el aplauso de sus autores, Luis Lacasa y J. Luis Sert, dos nombres que se encontraban entonces entre los mejores arquitectos de vanguardia del panorama internacional. Ambos miembros del GATEPAC (grupo de arquitectos españoles relacionados con las tendencias más avanzadas de la arquitectura internacional), y ambos autores de edificios de reconocida importancia. Especialmente J. Luis Sert, que había sido discípulo de Le Corbusier y pasaba por ser uno de los arquitectos racionalistas más importantes de su tiempo.

Expo1937-0000


La obra artística en el pabellón español.

Expo1937-000

La Exposición del Pabellón español de 1937 contó con una nutrida participaron de artistas españoles y extranjeros que otorgaron a la muestra una relevancia extraordinaria.

Fueron numerosos los artistas participantes y la mayoría con estilos muy diferentes entre sí, aunque todos unidos por una idea común que había de vertebrar la muestra: la denuncia y la explicación de lo que en plena Guerra Civil estaba viviendo el pueblo español.

El numeroso grupo de artistas que participaron, el reconocido prestigio internacional de muchos de ellos, la calidad de las obras presentadas y el compromiso firme de todos en la defensa de la idea republicana, consiguió que la muestra artística del Pabellón español pudiera considerarse uno de los acontecimientos artísticos más importantes del siglo.

Entre los más destacados habría que citar en primer lugar la aportación ya comentada de Picasso, a la que añadió además de las obras citadas los grabados del "Sueño y mentira de Franco" que se vendían al público.

Junto al resto de grandes nombres, como los citados Julio González, Joan Miró, el escultor Alberto Sánchez, Gutiérrez Solana, Mateo Díez o Alexander Calder, se podrían añadir otros muchos. Así, dos casos especiales, los de los escultores Emiliano Barral y Francisco Pérez Mateo, ambos muertos en el frente de Madrid un año antes y cuya presencia a través de algunas de sus obras se consideraba el mejor homenaje que podía hacérseles.

En conjunto, la exposición de obra artística ocupó dos terceras partes del Pabellón, repartida su exhibición entre la primera y la segunda plantas, y los jardines. Un mosaico nutrido y variopinto de obras donde se mezclaron tendencias de vanguardia, representadas fundamentalmente por las obras de Picasso, Julio González, A. Calder, J. Miro o Aberto Sánchez, y estilos de carácter más realista.

Entre estos últimos destaca el llamado Realismo social de autores como Horacio Ferrer, Arturo Souto o Eduardo Vicente; o el Realismo Expresionista de Manuel Ángeles Ortiz, Enrique Climent o Santiago Pelegrín.

En la misma línea realista se inscriben otros autores igualmente prestigiosos aunque de una generación anterior, caso del escultor valenciano Mariano Benlliure o lo pintores vascos Darío Rogoyos y Valentín Zubiaurre.

Incluso hubo muestras pictóricas que no pueden incluirse claramente en ninguna tendencia concreta, pues entremezclan propuestas realistas de una gran fuerza expresiva, con escarceos surrealistas incluso, como ocurre en la obra de Antonio Rodríguez Luna o Miguel Prieto.

Caso aparte nos parece también el de Helios Gómez, sevillano, cartelista y dibujante, que contribuyó a la Exposición con dos pinturas muy comprometidas con sus ideales comunista y republicano. Y asimismo el de Josep Renau, artista valenciano, conocido por su faceta de cartelista, siendo autor de numerosos carteles del bando republicano. Su labor en la Exposición de 1937 al ser Director General de Bellas artes desde 1936, se centra en la propia organización del evento, pero también en la realización de los numerosos fotomontajes que ilustraron la Exposición.

En total, acudieron a la cita ciento un artistas, que acumularon en el Pabellón más de trescientas obras, algunas de una importancia capital, y la mayoría de una indiscutible calidad. Sin duda, un acontecimiento artístico irrepetible.

Complemento magnífico de todo el edificio serían las esculturas que desde el exterior del pabellón decoraban el entorno y elevaban el nivel de calidad artística que atesoraba toda la edificación: allí se exhibían, frente a la fachada principal la "Montserrat" de Julio González; la "Dama oferente" y la "Cabeza de mujer" de Pablo Picasso, y sobre todo frente a la entrada principal, la enorme escultura de Alberto Sánchez "El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella", perfecto icono simbólico de la lucha que estaba librando en ese momento el pueblo español. No eran las únicas, en otras partes del exterior del recinto se repartían "La bañista" y el "Oso" de Francisco Pérez Mateo.

Todo lo cual coronaba con su decoración un edificio magnífico y emblemático, que hoy tiene justa réplica en la reproducción que del mismo se ha levantado en el Parc de la Vall d'Hebron de Barcelona.

Expo1937-00

Expo1937-07

Expo1937-08


Si te ha gustado este artículo también te pueden interesar...
Otros artículos de esta sección...

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar