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Escrito por Jesús Martínez Verón (CREHA)
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Martes, 04 de Noviembre de 2008 18:36 |
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La invención de la fotografía y el gran proceso investigador que sobre la misma se llevó a cabo durante toda la segunda mitad del siglo XIX ayudaron a cambiar la manera en que las personas, y más específicamente los artistas, percibían la realidad.
El ojo humano es un instrumento de precisión. Sin embargo, en determinadas circunstancias es una máquina que nos engaña o que es incapaz de alcanzar la total exactitud. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando se trata del movimiento a gran velocidad.
Esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando hablamos del movimiento a gran velocidad. En este caso, el ojo y la mente humana captan el desarrollo completo del movimiento, pero no cada uno de los instantes que lo han compuesto. En este terreno es en el que la fotografía, por su capacidad de capturar y congelar el instante, nos ayuda a entender la realidad. Por supuesto, desde muy pronto, los artistas se dieron cuenta de las posibilidades que la fotografía les brindaba para profundizar en el conocimiento del movimiento.
Un ejemplo bien conocido es el de la representación del galope de los caballos. Veamos cómo se representaba por parte de los pintores antes de la invención de la fotografía:
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Sandro Botticelli, Historia de Nastagio degli Onesti (detalle), 1483
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Theodore Géricault, Derby de Epson, 1821
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En la década de los años 70 del siglo XIX, uno de los pioneros de la fotografía, el norteamericano de origen inglés Eadweard Muybridge, recibió un curioso encargo: debería utilizar sus conocimientos en fotografía para probar si en su galope los caballos siempre mantienen alguna pata en contacto con el suelo, o hay un instante en el que las cuatro están en el aire.
Para llevar a cabo el encargo, Muybridge realizó una serie de experimentos de fotografía rápida. El resultado fueron unas series en las que lograba captar y descomponer el movimiento de los caballos al galopar.
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Con estas fotografías se venía a demostrar que la posición de "galope extendido", aquella en la que el caballo presenta las cuatro patas completamente extendidas a la vez, no existe. Con total seguridad, de haberlo sabido, ni Botticelli, ni Géricault hubieran representado así a los caballos.
Los estudios de Muybridge tuvieron una amplia difusión en los círculos intelectuales, y los pintores pronto tomaron nota de sus imágenes. A partir de los años 80, lo habitual es que los caballos en movimiento ya se representen de una forma más natural aunque prácticamente imposible de captar por el ojo humano. Un ejemplo de este cambio lo podemos encontrar en el cuadro de Edouard Detaille Vive L'Empeur de 1891.
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En 1872, el fotógrafo e investigador Eadweard Muybridge (1830-1904) recibió el encargo de resolver la polémica que enfrentaba Leland Stanford (presidente de la Central Pacific Railway), quien afirmaba que en su galope el caballo llegaba a tener la cuatro patas en el aire, con James Keene (presidente de la Bolsa de San Francisco) quien aseguraba lo contrario.
Para tratar de solventar el debate, Muybridge fotografió a un caballo que corría a 35 kilómetros por hora. Sin embargo, y pese a que utilizó un fondo formado por sábanas blancas para captar mejor la silueta del caballo, la prueba fue un fracaso. Las técnicas fotográficas de la época eran demasiado lentas e imperfectas para captar el movimiento del caballo en su galope.
En los meses siguientes, Muybridge perfecciona la velocidad de obturación de su máquina para congelar el instante logrando una exposición de 1/500 de segundo. De esta forma, en 1873, realizó las primeras imágenes en las que realmente se pudo demostrar que Leland Stanford llevaba razón, el caballo, al galopar, llegaba a estar en algún momento completamente en el aire.
Pero además de probar que Stanford estaba en lo cierto, las imágenes sorprendieron a todos por las sorprendentes posiciones que adoptaba el caballo en su carrera, algo que el ojo humano más perspicaz nunca había sido capaz de captar. Por eso, Muybridge se animó a perfeccionar sus técnicas.
En 1878, Muybridge realizó una primera serie de doce fotografías en apenas medio segundo a la yegua Sally Gardner. Insatisfecho todavía, Eadweard Muybridge ideó una nueva técnica: en paralelo a una pista de cuarenta metros por la que correría un caballo, dispuso veinticuatro baterías de cámaras fotográficas (además de otras en los extremos de la pista). Según avanzaba el caballo, se disparaban simultáneamente tres cámaras fotográficas a una velocidad de obturación de 1/6000. El resultado de la serie completa de instantáneas fue éste:
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A partir de este momento, las investigaciones de Muybridge fueron dirigidas a perfeccionar el mecanismo de disparo de las cámaras para que fuera lo más sincrónico posible al movimiento del caballo.
Si quieres saber algo más sobre Eadweard Muybridge y los precursores del cine, puedes visitar un artículo monográfico pulsando AQUÍ.
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