| Sabías que... Pavel Jerdanowitch o Cuando los críticos de arte quedan en ridículo |
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| Escrito por Jesús Martínez Verón (CREHA) |
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Paul Jordan Smith, este hombre sonriente que puedes ver en la fotografía, es el protagonista de una de las bromas más famosas de la Historia del Arte, un plan que dejó en ridículo a alguno de los críticos de pintura más prestigiosos de su tiempo. Todo empezó en 1924 cuando unos cuadros de bodegones expuestos por su esposa recibieron duros juicios de valor por parte de la crítica. Convencido de la injusticia que se estaba cometiendo, Paul Jordan Smith urdió un plan para demostrar que los críticos eran quienes realmente no sabían de pintura y valoraban la excentricidad y lo estrambótico por encima de lo verdaderamente artístico. Paul Jordan Smith, un novelista de cierto éxito que nunca había cogido un pincel ni tenía la más mínima idea de pintura, pidió prestado un lienzo, unos pinceles y en apenas unos minutos pintó un cuadro al que tituló Exaltación. Representaba a una mujer aborigen llevando en su mano algo que parece un plátano abierto (en realidad, Paul Jordan Smith quería pintar una estrella de mar, pero le salió esto):
A continuación, Paul Jordan Smith se inventó un pintor al que puso el nombre de Pavel Jerdanowitch y una escuela pictórica denominada Disumbrationism (parece ser que por su propia incapacidad de pintar sombras), y envió el cuadro a una exposición que había de celebrarse en el Waldorf Astoria. El cuadro fue aceptado por un jurado de artistas independientes y, lo que no deja de ser sorprendente, llamó poderosamente la atención de los críticos que acudieron a la exposición. Uno de ellos, Chabrier Comte se mostró especialmente entusiasta creyendo haber descubierto un nuevo genio de la pintura y se puso en contacto con el supuesto Pavel Jerdanowitch para que le enviara una fotografía y un breve currículo. A los pocos días recibió una biografía en la que se decía, a grandes rasgos, que Jerdanowitch había nacido en Moscú y emigrado con sus padres a Chicago en cuyo Art Institut había estudiado pintura. Aquejado de tuberculosis había viajado por los Mares del Sur y en ese preciso momento se encontraba en algún lugar de los desiertos de California. Para adornar su relato, Paul Jordan Smith lo acompañó de la fotografía de Pavel Jerdanowitch (en realidad el propio Jordan Smith caracterizado como una especie de genio exaltado).
Lo más divertido es leer la reseña que Chabrier Comte escribió en la Revue du Vrai et du Beau. Dice: Pavel Jerdanowitch no está satisfecho siguiendo los caminos trillados del arte. Prefiere descubrir nuevas tierras, explorar las alturas y asomarse a los abismos. Su espíritu se deleita en la intoxicación y es presa de la agonía estética que no tiene experiencia sin sufrimiento. El éxito de su engaño animó a Paul Jordan Smith a pintar nuevos cuadros (siempre dentro del Disumbrationism) que realmente no tienen desperdicio. Algunos de sus títulos fueron Aspiración, Adoración, Iluminación (la descripción de este cuadro como lo que siente un borracho al ser sorprendido por su esposa al volver a casa resulta realmente hilarante), Ginación, Capitulación... Todos estos cuadros siguieron recibiendo críticas elogiosísimas (especialmente entusiasta en sus juicios fueron los críticos del Evening Post de Chicago y La Revue Moderne de París) y fueron presentados en galerías de arte de primer nivel. Incluso uno de los cuadros: Aspiración, fue incluido en El Libro de Oro del Arte Contemporáneo editado en París en 1927. Por si tenéis curiosidad, este cuadro es Aspiración:
El triunfo definitivo de Pavel Jerdanowitch (o, lo que es lo mismo, la vergüenza más absoluta para los críticos de arte) llegó en 1927 cuando la Galería Vose de Boston presentó una exposición monográfica de su obra. En su catálogo decía de Aspiración: El ave que se ve en la parte superior derecha se llama el gallo cósmico y es un símbolo de los deseos reprimidos, que se asienta sobre una cruz que es, a su vez, otro símbolo, y en el final de la cuerda está la flor blanca del cosmos que significa inmortalidad. Todo el cuadro es una maravillosa ilustración de la ley de la simetría dinámica; todo está planteado para que el ojo mire hacia el símbolo central, la lavandera (que mira al gallo: de ahí el título de "aspiración") sin advertir que la mano de la codicia le arrebata la cartera. Recordemos que es un texto serio con el que un crítico de arte trata de explicar el significado de este cuadro, teóricamente pintado por un artista genial (por cierto, cuesta encontrar la mano que se lleva la cartera. Por si no la véis está sobre el taburete situado detrás de la lavandera). A estas alturas, Paul Jordan Smith pensó que la broma había llegado demasiado lejos y que ya había quedado suficientemente demostrada la ineptitud de, al menos, una parte de la crítica de arte. Así que publicó un artículo en Los Ángeles Times en el que explicaba todo el proceso de su engaño. Lo más curioso es que algunos críticos, como un tal Havelock Ellis, en lugar de reconocer su ridículo encontraron una explicación alternativa: en realidad Paul Jordan Smith era un genio de la pintura, lo que ocurría es que era incapaz de reconocer su propia genialidad... Esta historia no tiene moraleja, pero si eres crítico de arte, piensa en ella. Genialidad no es sinónimo de extravangacia o rareza. Es..., otra cosa. Otros artículos de esta sección...
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