| Sabías que...El observatorio astronómico de Madrid |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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El Observatorio Astronómico de Madrid es una de las obras postreras de Juan de Villanueva, el mejor representante de la arquitectura neoclásica en nuestro país. De hecho no la llegó a ver totalmente terminada, porque sus retoques finales los realiza Narciso Pascual y Colomer en fecha tan tardía como 1874. No obstante, la obra en su estructura y solución formal es toda de Villanueva. El edificio se inscribe en un programa iniciado por Carlos III de realizar una serie de construcciones de tipo cultural, que con mayor o menor continuidad y fortuna prosiguió Carlos IV. Se trata en este caso de un observatorio astronómico que había de servir como tal, y que como tal sirvió hasta no hace muchos años. Su estructura arquitectónica resulta particularmente funcional, presentando una planta en forma de cruz, con dos de sus alas laterales prolongadas, en una muestra de herencia palladiana, muy de moda en Europa por aquellos. El núcleo central servía también para distribuir funcionalmente las diversas estancias entre sí, con especial atención a las salas de Instrumentos y En alzado, el núcleo central está rematado por un auténtico templete, a modo de pequeño tholos monóptero de orden jónico, que resulta uno de los elementos más sobresalientes del edificio, sobre todo por su indudable belleza clásica y por la perfecta armonía con la que se imbrica en el conjunto del edificio, al que le otorga además un remate particularmente airoso. En una altura inferior sobresalen torrecillas de las cuatro esquinas del cuadrado central, que constituyen el remate de las escaleras, pero que logran un efecto de superposición de volúmenes, muy armonioso también en el conjunto de la construcción. Otro de los elementos sobresalientes del Observatorio es su pórtico principal, en el que una vez más se advierte el particular sentido neoclásico de su autor y su amor por las columnas. Se dispone así como un pórtico hexástilo y corintio, pero enormemente elegante y sucinto en su formulación. Principalmente porque carece de frontón en su remate, detalle muy característico de su autor y que ya había repetido con igual éxito en el Museo del Prado y en Por ser de sus últimas obras no debe de extrañar que sea también una de las más puramente neoclásicas, a la altura además de las grandes construcciones de este estilo que están desarrollándose o lo harán poco después en otros puntos de Europa. Otros artículos de esta sección...
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