| Sabías que...Los templos de Abu Simbel |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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En 1813 el historiador y viajero J.L. Buckhardt descubrió los templos de Abú Simbel, situados al sur de Egipto. Se trataba en realidad de dos templos funerarios, que se disponían como sendos hipogeos excavados en la roca, el mayor de ellos dedicados a la memoria del faraón Ramsés II y el menor a su esposa Nefertari, aunque bajo la advocación de la diosa Hathor. El principal se abría al exterior por medio de una inmensa fachada construida en talud, como si de un pilono de tratara, y decorada con las esculturas colosales de cuatro ramésidas o efigies del propio faraón. Desde aquí se pasaba a una sala hipóstila decorada con pilares osiriacos, abriéndose a continuación un gran pasillo que desembocaba al fondo del corredor en otra imagen del faraón. Pero lo más curioso es que el templo estaba tan cuidadosamente calculado en su orientación y construcción, que precisamente en dos fechas únicas del año, el 20 de febrero y el 20 de marzo, relacionadas con el advenimiento al trono de Ramsés II, el primer rayo de sol de la mañana penetraba por la única entrada del hipogeo y alcanzaba plenamente la efigie del faraón. No así la del dios Ptah que al estar relacionado con el mundo de ultratumba sólo se iluminaba parcialmente. En 1956 se anunció por el gobierno egipcio de Gamal Abdel Nasser la construcción de la presa de Assuán, que amenazaba gravemente la integridad de ambos templos, de tal modo que sólo su traslado podría salvarlos. Y así se hizo, en un esfuerzo internacional sin precedentes dirigido por Fue así como afortunadamente los templos de Abú Simbel se salvaron de su destrucción.
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