| Sabías que...Palmira |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Palmira fue una ciudad romana cuyas ruinas constituyen uno de los restos arqueológicos más espectaculares que se conservan. Se levanta la ciudad en medio del desierto de Siria, pero junto a un oasis que la convirtió en lugar de parada obligada de todas las caravanas que en la antigüedad transitaban por las rutas de oriente. Eso hizo a la ciudad rica y la convirtió además en un punto estratégico de gran importancia política. Los romanos la conquistaron en el S. I, y mantuvo su estatus de ciudad libre hasta que los enfrentamientos entre los persas sasánidas y los romanos la colocaron en un punto intermedio de sus disputas. En medio de esa situación, en la que se combina la crisis romana del S. III, y el poder incierto de los sasánidas, aparece la figura de la reina Zenobia, esposa del gobernador Septimio Odenato, que hereda el gobierno de la ciudad al morir este asesinado junto a su hijo. Desde ese momento, 266, Zenobia no sólo mantuvo la independencia frente a los persas, sino que se desligó de la autoridad romana, estableciendo un reino que se extendería hasta Egipto. Poco duraría: en el 272 sería derrotada por el emperador Aureliano, y la ciudad totalmente arrasada. Diocleciano la reconstruyó, pero un terremoto en 1089 la enterró en las arenas del desierto hasta que fuera descubierta y excavada durante el siglo pasado. En la actualidad quedan restos de la ciudad reconstruida por Diocleciano y algunos de la ciudad antigua, como el templo de Bel o Baal, principal divinidad babilónica de la ciudad. Convertido en iglesia en el S. IV y en fortaleza por los musulmanes, el edificio ha conservado su estructura original del S. I. También se conservan en buen estado el Decúmano de la ciudad, el teatro, y restos del campamento de Diocleciano, levantado sobre las ruinas del Palacio de Zenobia. Recomendamos una visita al museo de centro arqueológico AQUÍ, y una aproximación virtual al templo de Bel, AQUÍ. Otros artículos de esta sección...
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