Arte español de postguerra PDF Imprimir Correo
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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)   

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“Al terminar la guerra, España quedó cerrada, exhausta, rota. Por si algo faltaba, fuera de sus fronteras se cernía el pavoroso fantasma de otra conflagración mucho mayor. […] En el plano cultural, además del quebranto inevitable de los espíritus, se impuso completamente una alianza formada por el historicismo, el indigenismo, el aislacionismo, el academicismo y el tradicionalismo, sin más posibilidad de “apertura” reconocida que la representada por algunos virulentos devotos de formas y contenidos neonazis y neofascistas. […]

No seremos nosotros quienes describiremos cómo estaban las cuestiones artísticas durante el eclipse: lo harán palabras de Eugenio d´Ors, escritas el año 1942 en la primera “Proclama de la Academia Breve de Crítica de Arte”:

“Es urgente poner término a la vergüenza a cuyo tenor el público de Madrid, el de casi toda España y aun sus críticos militantes se encuentran ayunos de conocer una sola página del arte contemporáneo universal. Imaginemos lo que sería nuestra literatura si nunca hubiesen llegado a noticias de autores o lectores Goethe, Walter Scott, Chateaubriand, Flaubert, Baudelaire, Mistral, Tolstoi, Nietzsche, D´Annunzio. Imaginemos, por otro lado, a un médico que no hubiese visto un enfermo jamás y que debiese fiarse de lo que dicen los libros de su ciencia. Pues así se vive en España, desde tiempos de Goya, respecto del conocimiento de las artes. Si esto es vivir…”

Lo primero era rigurosamente cierto, pues el aislamiento y la falta de información eran hechos dramáticamente indiscutibles. Pero lo segundo, lo de que en España se vivía así desde los tiempos de Goya, era completamente falso y ocultaba deliberadamente la fecundidad y la riqueza de la primera apertura cultural interrumpida por el comienzo de la guerra civil. De ese modo la principal figura de la crítica de arte postbélica, reconociendo la aridez de la situación, reivindicaba títulos exclusivistas. Porque Eugenio d´Ors –crítico militante en el sentido más politizado de la palabra—se había convertido en una especie de oficioso pontífice del arte español. Sus doctrinas fueron aceptadas sin que nadie osara poner en duda la validez y la originalidad de aquellos oropeles, de aquella tosca simetría ideológica sobre la cual se alzaban unos cuantos auténticos mitos culturales. Sin embargo, la Academia Breve (curiosa amalgama de intelecturales y esnobs, creación personalísima de Eugenio d´Ors) –y los Salones de los Once por ella promovidos—fueron el primer escalón de la segunda apertura. […]

Mientras tanto, la arquitectura española estaba dedicada, bien a las más perentorias tareas de reconstrucción tras las destrucciones de la guerra, bien a la estéril búsqueda de un nacionalismo arquitectónico que, en realidad, procedía directamente de las nostalgias historicistas y de la megalomanía nazi-fascista de signo autárquico. Por otra parte –entre 1942 y 1945--, aparecieron o dieron muestras de actividad algunas galerías [Sala Biosca, Sala Argos, Sala Reig, Sala Clan y Sala Buchholz, en Madrid y Barcelona].

Salvo el pequeño oasis orsiano, el panorama del arte moderno era desolador. […] Lo mismo sucedió con el resto del paisaje nacional… […]

Y como siempre tiene que suceder, algo raro, el año 1947, del modo más incongruente, apareció en Zaragoza un grupo de pintores abstractos, formado por Laguardia y Aguayo, con Santiago Lagunas (que también era arquitecto).”

(Vicente Aguilera Cerni: “Iniciación al arte español de la postguerra”, 1970)

(La imagen de cabecera es un lienzo de Fermín Aguayo (Sotillo de la Ribera, Burgos, 1926 - París, 1977)