| Cabiria de Chomón |
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“Entre las primeras películas en las que participó [Segundo de Chomón, Teruel, 1871 – París, 1929] para la Itala Film en su condición de director de fotografía figuran el policíaco “Tigris”, de Vincent C. Denizot, y el drama “Lo scomparso”, de Dante Testa, ambas de 1912, pero sería en 1913 cuando afrontase el proyecto más importante de su vida, “Cabiria”, un filme histórico ambientado en el siglo III antes de Cristo, en el que se hizo cargo de los sofisticados trucajes que requería la producción, además de la dirección de fotografía junto con Giovanni Tomatis, Augusto Batagliotti y Natale Chiusano. Con “Cabiria” hay un antes y un después en el cine europeo. El mérito corresponde sin duda al empeño de Giovanni Pastrone como productor a la hora de construir grandes decorados, recurrir a cientos de extras, y el colosalismo de una dirección artística y de una puesta en escena de la que buena parte del mérito correspondía al pionero turolense por cómo la mostraba en pantalla. Un mérito que el ambicioso Pastrone le arrebató patentando a su nombre el invento del “carello”, lo que después bautizarían los norteamericanos como “travelling”. El cine en Europa deja de ser con las superproducciones italianas un hijo pobre del teatro cuando la cámara de Chomón penetra en lujosos decorados para moverse en ángulos abiertos recorriendo el espacio escénico en su totalidad y en todas direcciones, ya sea mediante desplazamientos de cámara o con el empleo de angulaciones en contracampo, algo que ya hemos visto cómo el turolense había empleado años antes en la Pathé, aunque sin especial brillantez debido a las limitaciones escénicas de los decorados bidimensionales en los que se desarrollaba la acción. En “Cabiria” es todo lo contrario, esplendor y colosalismo, y por ellos se mueve la cámara de Chomón con un uso narrativo, porque si algo imprime en esta película a los movimientos sobre el “carello” es el dramatismo de las imágenes dotándolas de significado. Las aportaciones que hizo Chomón a la narrativa fílmica en “Cabiria” suponen un compendio de los hallazgos que el turolense había venido perfeccionando desde hacía tiempo, y que encuentran en esta producción su máxima expresión visual. Un trabajo que no se limita a los trucajes, que son sorprendentes por su perfeccionismo, y para los que recurre a técnicas tan conocidas por él como el uso de maquetas, que había empleado por primera vez hacía más de una década en “Choque de trenes”; las dobles exposiciones, los cachés, los fundidos y la parada de cámara. Pero más allá de los trucos realizados en “Cabiria”, Chomón aporta todo su conocimiento sobre el uso de la iluminación artificial, de la que tanto se ha hablado en escenas como la del templo de Moloch, o el caos desencadenado por la erupción del Etna, que aportan dramatismo a la acción y confieren a la imagen un nuevo significado estético, nunca antes concebido en el cine. Son muchas las aportaciones del turolense en esta película, pero entre todas sobresalen las que se refieren a la sintaxis del relato visual, no solo por el uso del “carello” sino por la gradación de los planos, empleo de contraplanos y el dramatismo de su fotografía. Además, las composiciones internas dentro de cuadro que realiza en este filme serán el antecedente de los planos secuencia a los que tanto recurren los realizadores de hoy en día. Tanto es así que Chomón combina en una misma escena varios movimientos de cámara con una finalidad muy clara, convertir el escenario en otro personaje más del relato dándole vida. “Cabiria” fue un éxito de público a nivel mundial y fascinó de tal manera a Griffith que compró una copia para analizarla en profundidad al lado de su colaborador Billy Bitzer, director de fotografía de sus películas. El resultado puede verse en “Intolerancia” (1916), donde imita sin pudor tanto los recursos técnicos de Chomón como los narrativos que deben imputarse a Pastrone / Fosco. El historiador italiano Silvio Alovisio, del Museo Nazionale del Cinema di Torino, ha dicho de Chomón que su principal aportación a la Itala Film, además de su talento como camarógrafo y experto en trucajes, fue la incorporación de la luz artificial, superando así las tomas planas que habían caracterizado hasta ese momento la imagen cinematográfica, y abriendo múltiples posibilidades expresivas, de las que las más relevantes surgirían con el expresionismo alemán años después.” (En: Francisco J. Millán Agudo: “Segundo de Chomón: pasado y presente de un visionario del cine”, Turia. Revista cultural, nº 84, noviembre 2007 – febrero 2008) Otros artículos de esta sección...
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