Caravaggio por Gian Pietro Bellori PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

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Caravaggio es uno de los grandes pintores de la historia. Suya es la aportación que cambia el concepto de la pintura durante la época barroca, basada por una parte en un violento contraste de luces y sombras, lo que llamamos Tenebrismo; y de un realismo descarnado en sus imágenes que supuso la implantación del Naturalismo pictórico en el tratamiento de las iconografías religiosas. Su vida en cambio fue la consecuencia de su temperamento pendenciero y violento. Gian Pietro Bellori nos cuenta algunas anécdotas que ilustran estas ideas, y que él pudo conocer de primera mano, pues Bellori, escritor, crítico y teórico del arte, que vivió entre 1613 y 1696, fue coetáneo del pintor. Sus escritos sobre artistas contemporáneos suyos resultan el equivalente barroco a la aportación de Vasari para el Renacimiento. Entre sus artistas preferidos en cualquier caso no se encontraba Caravaggio, del que critica precisamente un abrupto realismo que él siempre contrapone al idealismo de sus artistas preferidos: Poussin, Carracci o Guido Reni.


“Cuando se preguntó al artista por qué no escogía como modelo las estatuas antiguas, por toda respuesta extendió la mano hacia una multitud de personas, indicando que la naturaleza le había provisto ya de más que suficientes maestros, y entonces pintó una muchacha sentada en una silla que allí se encontraba, con las manos en el regazo, en actitud de secarse el cabello, y, añadiendo en el suelo un frasco de ugüentos, joyas y piedras preciosas, la hizo pasar por Magdalena”.

Giovanni Pietro Bellori. En Carmona Mato, E: El arte y sus creadores, nº 12, pag, 12

“Su manera de pintar se correspondía con su fisonomía y aspecto; era de tez oscura, y tenía oscuros los ojos, negras las cejas y el cabello; y esto, naturalmente, se reflejaba en su pintura. Su primer estilo, dulce y de colores puros, fue el mejor; con él alcanzó el mayor mérito y demostró ser el mejor colorista lombardo. Mas luego cambió a su manera oscura, a la cual lo impulsaba su propio temperamento, como su forma de ser era también turbulenta y pendenciera; por causa de ella, dejando primero Milán y su patria tuvo después que huir de Roma y de Malta, ocultarse en Sicilia, luchar contra los peligros de Nápoles y morir miserablemente en una playa perdida. No dejaremos de señalar sus modales y su manera de vestir. Gustaba de adornarse con terciopelos y paños costosos, mas una vez que vestía un traje ya no se lo volvía a quitar hasta que se le caía hecho jirones. Era de lo más negligente en cuanto a su aseo y, durante muchos años, usó la tela de un retrato a guisa de mantel, comiendo en él mañana y tarde”.

Giovanni Pietro Bellori. En Carmona Mato, E: El arte y sus creadores, nº 12, pag, 20