| Casa musulmana |
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| Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA) |
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“No era fácil averiguar si los muros grises en los que se abrían muy pocas ventanas, situadas generalmente en la parte alta, albergaban en su interior viviendas pobres o ricas. No se podía alcanzar con la vista el interior de las casas a través de las puertas de entrada; siempre daban a un pasillo que, al formar un recodo, se ocultaba ante las miradas del exterior. A lo sumo, la presencia de un vistoso esclavo negro sentado en el umbral, o de mulas lujosamente enjaezadas que esperaban en la entrada, permitían sacar conclusiones sobre la riqueza de los habitantes. En esto se distinguían las casas de la España musulmana de las que se ven todavía hoy en los barrios antiguos de Córdoba, Sevilla, Granada y muchas ciudades andaluzas pequeñas. Se ha mantenido la disposición general de la casa, con las cámaras orientadas regularmente hacia el patio interior y las galerías apoyadas sobre pilares, pero se ha abierto el paso hacia la calle para que se vea el patio adornado de flores, detrás de la verja de hierro forjado. Los balcones permiten dominar con la vista la calles, donde al atardecer pasean las familias. La casa árabe era más secreta, más “celosa”. Dicho sea de paso: para los árabes los celos son una virtud cuando se refieren a la familia, pues la familia, a la que pertecen particularmente las mujeres, es un santuario; esto y nada más significa la palabra harén (“haram”). (Titus Burckhardt: La civilización hispano-árabe”. 1970) |