| Críticas a la Segunda Exposición Impresionista |
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| Viernes, 06 de Mayo de 2011 06:13 |
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En 1876 se organiza la segunda exposición del Grupo Impresionista que se había dado a conocer por primera vez en 1874. En esta ocasión la muestra se exhibe con el nombre de “Exposition de peinture”, en el número 11 de la calle Le Peletier de París, en la galería de Paul Durand-Ruel. En total fueron diecinueve los pintores participantes, entre ellos Berta Morisot, la única mujer del grupo, que también había participado en la primera exposición. Junto a ella, los nombres consabidos de Degas, Monet, Pisarro, Renoir o Sisley, que aportaron cuadros que hoy son considerados obras maestras de este periodo, como Danseuse debout, de Degas; Le déjeuner (en imagen) 1873 y Le pont d’Argenteuil, de 1874, de Monet; L’inondation à Port-Marly, de A. Sisley, 1876; o el Étude. Torse, effet de soleil, de Renoir, de 1876. Cézanne no participa en esta ocasión, ni Manet, que no obstante envía el Retrato de Bazille, pintado por Renoir que era de su propiedad. Otros once participantes menos conocidos de la primera exposición tampoco participaron en esta. Por el contario hubo también alguna nueva incorporación, la más relevante la de Gustave Caillebotte, que participa con ocho obras, entre ellas una de sus pinturas más conocidas: “Les rabouters de parquet”, pintado ese mismo año. En conjunto sumarían más de doscientos cuadros, que fueron recibidos por la crítica con más desprecio incluso que en la primera exposición de 1874. Una buena muestra la tenemos en esta cita de Le Figaró:
“La rue Le Peletier es un lugar de desastres. Después del incendio de la Ópera ha ocurrido otro accidente en ella. Acaba de inaugurarse una exposición en el estudio de Durand-Ruel que, según se dice, se compone de cuadros. Ingresé en ella y mis ojos horrorizados contemplaron algo espantoso. Cinco o seis lunáticos, entre ellos una mujer, se han reunido y han expuesto allí sus obras. He visto personas desternillándose de risa frente a estos cuadros, pero yo me descorazoné al verlos. Estos pretendidos artistas se consideran revolucionarios, “impresionistas”. Cogen un pedazo de tela, color y pinceles, lo embadurnan con unas cuantas manchas de pintura puestas al azar y lo firman con su nombre. Resulta una desilusión de la misma índole que si los locos del manicomio recogieran piedras de las márgenes del camino y se creyeran que habían encontrado diamantes”.
A. Wolff: Crítica en Le Figaró. 3 de abril. 1876 Otros artículos de esta sección...
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