Cubismo PDF Imprimir Correo
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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)   

 

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“Es difícil construir fronteras alrededor de los períodos en la historia del arte, pero en el caso del cubismo es posible decir que el comienzo del movimiento lo anunció, como un cataclismo, Las Señoritas de Aviñón, que Picasso concibió hacia fines de 1906 y abandonó en su estado actual durante el año siguiente. Hoy en día es una pintura perturbadora y atrevida... hace sesenta años debió de haber parecido nada menos que increíble. De hecho consternó y desconcertó a los más entusiastas partidarios de Picasso. Braque, un pintor joven inteligente e imparcial, se mostró por completo horrorizado cuando lo vio por primera vez, aunque algunos meses más tarde su gran Bañista [...] iba a demostrar de manera conclusiva que, a pesar de su reacción original, Las señoritas de Aviñón había alterado el curso entero de su evolución artística.

Incluso antes de empezarla, Picasso parece que se había dado cuenta de que no iba a ser una obra corriente. Fue el liendo más grande que hasta ese momento había emprendido, y dio el paso sin precedentes de haberlo revestido antes de comenzarlo  --un procedimiento por lo general reservado para la restauración y conservación de las grandes obras del pasado--.  El poeta André Salmon, un íntimo amigo de Picasso en esos tiempos, nos ha dejado un relato del estado ánimo de Picasso: “Estaba perturbado. Giró sus lienzos de cara a la pared y abandonó sus pinceles [...] durante largos días y noches dibujó, dando expresión concreta a las imágenes que le obsesionaban y reduciéndolas a sus elementos esenciales. Pocas veces resultó tan dura una tarea, y fue sin su anterior exuberancia juvenil que Picasso empezó un gran lienzo que iba a ser el primer fruto de sus investigaciones”. Otros relatos contemporáneos sugieren que Picasso estaba insatisfecho con la pintura y que parecía que la consideraba inacabada. Y, no obstante, a pesar de sus evidentes inconsistencias y cambios de estilo, Las señoritas de Aviñón había llegado a parecer, como todas las más grandes obras de arte, espléndidamente inevitable. El hecho de que ahora no podríamos imaginarla alterada en modo alguno sirve para subrayar que, al dictar sus propias leyes, creó nuevos cánones de belleza estética, o, para decirlo de otra manera, destruyó las distinciones tradicionales entre lo bello y lo horrible. Si el fauvismo había pertenecido tanto al siglo XIX como al XX, esta pintura anunció una nueva era en arte. Sigue siendo el momento crucial en la carrera de Picasso, y el más importante documento pictórico individual que el siglo XX ha producido.

Sin embargo Las señoritas de Aviñón no es una pintura cubista. Tanto el tema, con sus perturbadoras insinuaciones eróticas (en su origen el cuadro iba a incluir dos figuras masculinas vestidas entre las mujeres desnudas) como la técnica, con su uso expresionista de la pintura, a menudo salvaje, iban a resultar extraños para la estética cubista.”

(John Golding: “Cubismo”. En: Nikos Stangos: “Concepto del arte moderno. Del fauvismo al posmodernismo”. 1974)