| Edouard Manet, en la frontera del arte contemporáneo |
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La base del escándalo que produjo "El almuerzo campestre" reside, lo mismo que en Madame Bovary de Flaubert, en la afirmación de la objetividad alcanzada mediante un estilo desapasionado, en la ausencia no sólo de un comentario moral sino también de todo intento de generalización del acontecimiento que se presenta...Ante la obra señala un artículo sobre el cuadro publicado en el Fine Arts Quaterly Review: “Un desdichado francés ha traducido esta idea (se refiere al Concierto campestre de Giorgione) al moderno realismo que se pinta ahora en Francia, ampliando la escala y utilizando los horribles trajes franceses actuales, en vez de los elegantes ropajes venecianos...Hay más cuadros de este tipo que nos hacen llegar a la conclusión de que el desnudo, pintado por hombres vulgares, es siempre indecente”.
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“Como un hombre que cae en la nieve, Manet ha hecho un agujero en la opinión pública”, escribió Champfleury a Budelaire en tiempos del Salón de 1865, donde fue presentada Olmpia. Olimpia hiere, desprende un horror sagrado, monstruo de amor banal, ella es escándalo, ídolo; potencia y presencia pública de un miserable secreto de la sociedad. La pureza de una línea perfecta contiene la impureza por excelencia, aquella que exige la ignorancia tranquila y cándida de todo pudor. Vestal salvaje consagrada al desnudo absoluto, permite soñar todo lo que se esconde y se conserva de barbarie primitiva y animalidad ritual en las costumbres y el trabajo de la prostitución de las grandes ciudades”, comenta al respecto de la obra el escritor Paul Valéry. En todo caso, afectado por el escándalo de Olimpia, Manet escribió a Budelaire, quien trató de consolar al pintor asegurando que las risas y el alboroto eran la recompensa de la genialidad. Pero cuando se clausuró el Salón, el artista abandonó París. M. Molins: "Edouard Manet". El arte y sus creadores. Vol. 35. Histotria 16. Madrid 1993.
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