| El Salero de Cellini |
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“Mientras adelantaba esta obra iba dedicando algunas horas del día a trabajar en el salero y el Júpiter. Como había mucho personal trabajando en el salero ---cosa que no sucedía con el Júpiter, que requería gente muy buena---, éste quedó bien pronto terminado. Regresó el rey [Francisco I] a París y yo me presenté a entregarle el salero. Como dije antes, su base era de forma ovalada, y la pieza, de oro macizo, tenía un tamaño de dos tercios de brazo; estaba trabajado a cincel. Y como dije también al hablar del modelo, representaba el Mar y la Tierra, sentados cara a cara, entrelazando las piernas uno con el otro, de la misma manera que los dedos del mar penetran en la tierra y las puntas de la tierra en el mar. Su actitud resultaba una metáfora muy apropiada. El Mar llevaba un tridente en su mano derecha y a su izquierda puse un barco ricamente trabajado, destinado a contener la sal. Debajo de esta figura había cuatro caballos marinos, que tenían de caballos únicamente las patas delanteras, el pecho y la cabeza; la parte de detrás eran colas de peces que se cruzaban unas con otras graciosamente. Sentado sobre este grupo se veía al dicho dios del Mar en actitud fiera y orgullosa. El agua estaba representada con sus olas, esmaltadas del color apropiado. Una bellísima mujer representaba a la Tierra; estaba desnuda, igual que el macho que figuraba el Mar; a su mano derecha había un cuerno de la abundancia y a su mano izquierda un templete de orden jónico, minuciosamente trabajado, destinado a contener la pimienta. Debajo de la figura femenina puso los animales más bellos que hay en la Tierra y parte de las rocas estaban esmaltadas y parte en oro. Coloqué la pieza sobre una base de ébano negro, proporcionadamente grueso, y con una moldura en torno a la cual distribuí cuatro figuras de oro de bastante más de medio relieve, que simbolizan la Noche, el Día, el Ocaso y la Aurora. Había, además, otras cuatro figuras del mismo tamaño, que representaban los cuatro vientos principales, ejecutadas esmeradamente y esmaltadas. Cuando puse esta obra ante los ojos del rey, dio un grito de estupor y no se cansó de contemplarla. Luego me dijo que me la llevase a casa y que ya me diría oportunamente lo que se había de hacer con ella. Me la llevé, pues, a casa; invité a comer a mis íntimos; fue una comida estupenda y muy divertida; en el centro de la mesa estaba el salero, presidiendo; fuimos los primeros en utilizarlo. “ (En: Benvenuto Cellini: “La vida”, 1983) (escrita en 1558 y publicada por primera vez en Nápoles en 1728) (Imagen de cabecera: Salero, de Cellini, 1543) |