| El Surrealismo de Breton |
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| Miércoles, 02 de Junio de 2010 17:13 |
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En la sucesión trepidante de tendencias diversas que sobrevienen en las primeras décadas del siglo XX, el Surrealismo es una de las que manifiesta un mayor grado de originalidad y fantasía. Parte de una premisa esencial, y es que el arte sólo puede realizarse en un estado de absoluta libertad, libertad que a su vez sólo se consigue plenamente cuando se libera el subconsciente. Algo que estaban defendiendo, en aquellos años de formación del grupo surrealista, los estudios de Sigmund Freud, que en efecto señalaban que sólo durante el sueño o anulando la consciencia en la vigilia, podíamos librarnos de las normas y convenciones que imponen la educación y los hábitos culturales, que son los que cercenan nuestra libertad. De ahí que los surrealistas se aprovecharan de las imágenes oníricas y de las actuaciones automáticas carentes de control consciente, para construir un arte singular y propio. El impulsor del grupo fue André Breton, que siguiendo el ejemplo de otras vanguardias contemporáneas sentó las bases doctrinales del nuevo estilo en un “Manifiesto”. Algunos de sus párrafos más significativos serían los siguientes: Surrealismo: "sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral."
El espíritu del hombre que sueña queda plenamente satisfecho con lo que sueña. La angustiante incógnita de la posibilidad deja de formularse. Mata, vuela más deprisa, ama cuanto quieras. Y si mueres, ¿acaso no tienes la certeza de despertar entre los muertos? Déjate llevar, los acontecimientos no toleran que los difieras. Careces de nombre. Todo es de una facilidad preciosa. Dentro de los límites en que se produce (o se cree que se produce), el sueño es, según todas las apariencias, continuo, y presenta indicios de organización o estructura. Únicamente la memoria se arroga el derecho de imponerle lagunas, de no tener en cuenta las transiciones, y de ofrecernos antes una serie de sueños que el sueño propiamente dicho. Del mismo modo, únicamente tenemos una representación fragmentaria de las realidades, representación cuya coordinación depende de la voluntad. Aquí es importante señalar que nada puede justificar el proceder a una mayor dislocación de los elementos constitutivos del sueño. Lamento tener que expresarme mediante unas fórmulas que, en principio, excluyen el sueño. ¿Cuándo llegará, señores lógicos, la hora de los filósofos durmientes?.
ANDRÉ BRETON: Primer manifiesto de surrealismo. |