| Estilos |
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| Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA) |
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Los ciclos de los estilos son cada vez más cortos. El momento de esplendor del Cubismo duró algo más de diez años, y el movimiento se prolongó hasta casi los inicios de la segunda guerra mundial. El Surrealismo no bajó la guardia hasta casi veinte años después de haberse iniciado. El Informalismo azotó durante una década. Por el contrario, la fuerza del Neoexpresionismo apenas ha aguantado un par de años y los ritmos con que se sucede la dinámica de los modismos se acercan a los de la moda, y una final de temporada señala la postración de un estilo. ¿Ha muerto necesariamente el arte suplantado por la filosofía? [Dice A.C.Danto:]“No habrá más ni podrá haber nunca más algo parecido a la sorprendente secuencia de convulsiones que ha definido la historia del arte de nuestra centuria. Evidentemente siempre existirán motivos para dar la impresión de que la historia sigue, especialmente motivos externos como los del mercado del arte, que vive de la ilusión de la novedad sin fin. Pero tal apariencia acabará revelándose mecantilista e imaginaria y esencialmente vacía.” (A.C. Danto) El lógico final del arte, curiosamente, no fue anunciado por Hegel sino, tres siglos antes, por Vasari, que descubrió que el arte no tenía nada que decir después de la época de los genios (Rafael, Leonardo y Miguel Angel, y esto mucho antes de que se conceptualizara la noción de genio), y que la sucesión de ciclos de crecimiento, estancamiento y decadencia, que se había iniciado en la Grecia arcaica, había concluido y ya no tenía razón de ser. Después de Miguel Angel, Vasari intuía que todo había sido ya pintado y que el arte, que ya no estaba al servicio de Dios o de la Iglesia, debía cesar. Según Vasari, podría seguir produciéndose, pero su fundamento estaba a punto de ser tomado por la nueva filosofía de la Naturaleza, crítica con el aristotelismo, de Patrizi y de Bruno, y por la filosofía de la ciencia de Galileo, nacido el mismo día en que moría Miguel Angel. La concepción del infinito y su traducción a un lenguaje comprensible, matemático o poético era el tema de la ciencia de mediados del siglo XVI y el arte, ceñido a y por unos contornos demasiado perfilados y unos colores hirientes, centrado en el retrato y en las figuras alegóricas, no parecía poder asumir la investigación y plasmación del Nuevo Espíritu en los espacios inconcretos, sin direcciones ni medidas, que tanto impresionaban a Bruno. Y sin embargo, a los cincuenta años de la muerte de Miguel Angel, después de medio siglo de mediocre figuración, cuando parecía que ya no existían artistas de talento y la constelación de genios manieristas había desaparecido, apuntó la escuela de los Carraci que empezó a diluir la dureza metálica del color de los últimos manieristas, y la obra de Caravaggio, orientada hacia la representación de lo cada vez más humilde, más pequeño, lo que acabaría siendo el otro gran tema de la ciencia de Pascal y Linneo. El estilo barroco despuntó: ya no había cielo, por lejano e inconmensurable que fuera, que se resistiera a la captación del arte. De eso ya han pasado tres siglos. (Pedro Azara: De la fealdad del arte moderno. El encanto del fruto prohibido. 1990) |