| Johannes Itten y sus clases en la Bauhaus |
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“El personaje más importante de la primera fase de la Bauhaus fue el pintor y docente Johannes Itten, a quien Gropios había conocido en Viena a través de su primera mujer, Alma Mahler (más tarde Werfel). Itten tenía en Viena una escuela de arte privada. Antes había sido maestro de escuela de arte privada. Antes había sido maestro de escuela y había estudiado pintura. Su profesor Adolf Hoelze, de Stuttgart, había influido en Itten con su didáctica del arte y sus clases de composición. Itten debió impresionar profundamente a Gropius desde el primer momento, pues éste le invitó a dar una conferencia sobre “La enseñanza de los viejos maestros” en la inauguración de la Bauhaus, el 21 de marzo de 1919, en el Teatro Nacional de Weimar. El primero de junio de ese año Itten tomaba parte en la primera reunión del Consejo de Maestros, en la que se fijó el comienzo de las clases para el 1 de octubre. […] El principio pedagógico de Itten puede describirse con parejas de opuestos: “Intuición y método”, o también “capacidad de vivencia subjetiva y capacidad de reconocimiento objetivo”. Ejercicios de movimiento y respiración iniciaban con frecuencia la clase. Los alumnos tenían que relajarse; sólo entonces podía Itten conseguir “dirección y orden en el flujo”. El encontrar el ritmo y a continuación la creación armónica de ritmos diferentes ocupaba, como un leitmotiv, las horas de clase estructuradas en torno a tres puntos centrales: los bocetos de la naturaleza y la materia; el análisis de viejos maestros y la clase de desnudo. Los bocetos de naturaleza y materia tenían que mostrar con claridad “lo esencial y lo contradictorio de los materiales aislados”, para así educar y refinar la sensibilidad de los alumnos hacia la materia. Los alumnos disponían de varios días para realizar los deberes. La representación más expresiva de un ejercicio tal nos la ofrece el estudioso de la Bauhaus Alfrede Arndt ---realizada unas décadas más tarde y, por ello, entreverada de ironía---: “Los trabajos eran muy variados. Las chicas traían cositas pequeñas, delicadas, que cabían en la palma de la mano. Algunos muchachos traían objetos de un metro de altura. Con frecuencia se trataba de un montón de escombros, tubos, alambres, cristales, etc., al taller, y allí los montaban. Itten permitía a los alumnos decidir qué trabajos eran los mejores. Es evidente que todos los estudiantes estaban de acuerdo sobre quién era el vencedor: Mirkin, un joven polaco. Todavía hoy tengo el “Caballo” delante de mis ojos; era un madero, en parte liso y en parte fibroso, con un cilindro de una vieja lámpara de petróleo encima, en el que estaba metida una sierra oxidada que terminaba en una espiral. Al final se dibujaban estos estudios escultóricos, prestando especial cuidado a los contrastes de materiales y al movimiento. Los alumnos tenían la libertad de diseñar en el papel este tipo de construcciones plásticas.” Arndt reconstruyó más tarde el estudio descrito, y además se conservan dos dibujos del mismo. La influencia de Itten en la joven Bauhaus apenas puede ser sobrevalorada. […] Sus alumnos le respetaban profundamente como “maestro”. Se vestía, como muchos de sus alumnos, con un traje “Bauhaus” que él mismo había diseñado [ver foto cabecera de este artículo]: un pantalón en forma de embudo, amplio arriba y estrecho abajo y una chaqueta cerrada hasta el cuello, ceñida por un cinturón de la misma tela. Llevaba la cabeza afeitada al cero, “la cabeza es mitad maestro de escuela, mitad párroco…Dignas de mención son también las gafas.” (Magdalena Droste: “Johannes Itten y sus clases”. En: “Bauhaus, 1919-1933”, 1998)
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