La estética de lo mudable en el arte musulmán. PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

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“El arte musulmán no tiene como función la imitación de la naturaleza, principio aristotélico que anima al arte occidental, sino que es un medio para demostrar que las cosas no existen por sí mismas. (...) Siguiendo este camino de la mentalidad semítica, el arte musulmán prefiere lo no figurativo, rehúye toda tentativa por hacer una obra “viviente”, prefiere lo geométrico a lo epigráfico. De ahí la inanimación de las formas perecederas, la reducción de cualquier representación de vida, la estilización. (...) En efecto, sólo Dios permanece, todo lo demás cambia (...) Esta concepción de la naturaleza es asimismo de consecuencias artísticas decisivas ; la función del arte será resaltar la condición efímera y mudable de la naturaleza y de las propias formas artísticas, lo que se consigue con múltiples recursos de expresión plástica  en los que la luz juega un papel esencial.(...) Entre los variados recursos de expresión estética de lo mudable se destacan la articulación del muro en varios planos, la aplicación cerámica a la arquitectura y el uso de las celosías. De un lado, el muro islámico, en el que la decoración va resaltada sobre el fondo, con la incidencia de la luz siempre cambiante, permite que las formas se muevan constantemente. Si a ello se añade la cerámica vidriada, entonces ésta brilla, reluce y refleja la luz en miríadas de puntos luminosos. Ambos recursos acentúan el efecto de incorporeidad y de atectonismo, las formas carecen de peso, pierden materialidad, aparecen como suspendidas, constituyendo un manto evanescente y siempre mudable.”

BORRÁS GUALIS, G.M : Arte del islam En BANGO,I & BORRÁS, G : Conocer el arte. Historia 16. Madrid 1996. Vol 6, págs 98-99.