| La "horrible" Torre Eiffel |
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En Febrero de 1887, apenas unos días después de comenzada la construcción de Decían entre otras cosas: "Escritores, escultores, arquitectos, pintores y aficionados apasionados por la belleza hasta aquí intacta de París, queremos protestar con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra indignación, en nombre del gusto francés mal apreciado, en nombre del arte y de la historia franceses amenazados, contra la erección, en pleno corazón de nuestra capital, de la inútil y monstruosa Torre Eiffel. ¿La ciudad de Paris será por más tiempo asociada a las barrocas y mercantiles imaginaciones de un constructor de maquinas para deshonrarse y afearse irreparablemente? Pues Esto no es todo, los calificativos que prodigaron a la torre cuando se hubo terminado iban desde considerarse una “trágica lámpara de calle” a un "esqueleto de atalaya”, pasando por otras consideraciones tales como “mástil de hierro de aparejos duros, inconclusos, confusos, deformes”; “pirámide alta y flaca de escalas de hierro, esqueleto gigante falto de gracia, cuya base parece hecha para llevar un monumento formidable de Cíclopes, aborto de un ridículo y delgado perfil de chimenea de fábrica”, o como “un tubo de fábrica en construcción, un armazón que espera ser cubierto por piedras o ladrillos, esta alambrera infundibuliforme, este supositorio acribillado de hoyos”. Hoy en cambio nos parece uno de los edificios más emblemáticos de una época, y desde luego una de las referencias principales y más hermosas del desarrollo de |