La "horrible" Torre Eiffel PDF Imprimir Correo
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En Febrero de 1887, apenas unos días después de comenzada la construcción de la Torre Eiffel el 28 de enero de 1887, una serie de intelectuales y artistas se escandalizaban del proyecto que iba a tomar forma en la Exposición de 1889 y escribieron la ya famosa “Protesta de los artistas”, denunciando su mal gusto y el horrible efecto que iba a provocar en la Exposición. La firmaban entre otros Ernest Meissonier, Charles Gounoud, Charles Garnier, William Bouguereau, Alexandre Dumas (hijo), François Copée, Leconte de Lisle, Sully Prudhomme y Guy de Maupassant.

Decían entre otras cosas:

"Escritores, escultores, arquitectos, pintores y aficionados apasionados por la belleza hasta aquí intacta de París, queremos protestar con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra indignación, en nombre del gusto francés mal apreciado, en nombre del arte y de la historia franceses amenazados, contra la erección, en pleno corazón de nuestra capital, de la inútil y monstruosa Torre Eiffel. ¿La ciudad de Paris será por más tiempo asociada a las barrocas y mercantiles imaginaciones de un constructor de maquinas para deshonrarse y afearse irreparablemente? Pues la Torre Eiffel, que ni la misma y comercial América querría, es, no lo duden, la deshonra de París. Todos lo sienten, todos lo dicen, todos se afligen profundamente, y no somos más que un débil eco de la opinión universal, tan legítimamente alarmada. Por último, cuando los extranjeros vengan a visitar nuestra Exposición, exclamaran sorprendidos: “¿Cómo? ¿Éste es el horror que los franceses han encontrado para darnos una idea del gusto del que tanto presumen?” Tendrán razón si se burlan de nosotros, porque el París de los góticos sublimes, el París de Puget, de Germain Pilon, de Jean Goujon, de Rudé, de Barye, etc., se habrá convertido en el París del Señor Eiffel.

Esto no es todo, los calificativos que prodigaron a la torre cuando se hubo terminado iban desde considerarse una trágica lámpara de calle a  un "esqueleto de atalaya, pasando por otras consideraciones tales como mástil de hierro de aparejos duros, inconclusos, confusos, deformes; pirámide alta y flaca de escalas de hierro, esqueleto gigante falto de gracia, cuya base parece hecha para llevar un monumento formidable de Cíclopes, aborto de un ridículo y delgado perfil de chimenea de fábrica, o como un tubo de fábrica en construcción, un armazón que espera ser cubierto por piedras o ladrillos, esta alambrera infundibuliforme, este supositorio acribillado de hoyos.

Hoy en cambio nos parece uno de los edificios más emblemáticos de una época, y desde luego una de las referencias principales y más hermosas del desarrollo de la Arquitectura Moderna.