Las ciudades del Islam PDF Imprimir E-mail
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"Durante el segundo cuarto del siglo VII, Mahoma, el "último" de los profetas, levantó en los desiertos de Arabia un movimiento confesional de tal fuerza expansiva que arrolló a su empuje todo el Oriente mediterráneo hasta la India, todo el norte de África, Sicilia y Cerdeña y casi toda la Península Ibérica. [...] La velocidad de irradiación del Islam le obliga a adaptarse a la cultura de los países que encuentra a su paso y absorbe. No crea, pues, elementos culturales nuevos ni formas artísticas propias. Todo lo asimila y lo adapta, porque lo que sí es el Islam es una nueva concepción de la vida, impuesta por una religión rigorista y poco flexible y por una teocracia puritana.

Los árabes apenas crean en un principio grandes ciudades, ya que avanzan por los territorios más urbanizados de la cuenca mediterránea. Damasco, Antioquía, Tesifón, Jerusalén, Alejandría, son fácil presa suya. Más adelante fundaron, sin embargo, importantes ciudades puramente islámicas, como Bagdad (750), Kairuan (670), Bucaría, Samarcanda, El Cairo (969), Fez (siglo IX), Marrakech (siglo IX), etc.

Lo que distingue a las ciudades de la civilización islámica es su semejanza, desde el Atlántico al golfo Pérsico. En ninguna otra cultura se encuentra semejanza parecida. Las ciudades griegas y romanas, como hemos visto, eran muy diferentes entre sí. Las había regulares, como las hippodámicas, y otras cuya configuración era consecuencia del azar histórico, de una especial topografía o de ambas cosas a la vez. Lo mismo puede decirse de las ciudades occidentales durante la Edad Media y los tiempos modernos. Esta similitud resulta todavía más extraña porque los árabes heredaron de golpe ciudades muy diferentes a las que tuvieron que adaptarse, y porque ellos, además, no tenían una cultura propia que sustituyera a las pasadas. En lo que se refiere a las ciudades, notamos a la llegada del Islam un visible empobrecimiento con relación a los complejos urbanos del mundo helenístico y de Roma. La ciudad islámica es funcional y formalmente un organismo más simple y tosco. [...]

Cuando Idris II se disponía a fundar Fez le dijo a un viejo ermitaño que quería construir una ciudad donde se adorara al Dios Supremo, donde se leyera su libro y sus leyes fueran cumplidas. En tan simple propósito se encierra el programa de la ciudad islámica. Se trata de una regresión frente a las ciudades del mundo clásico. Faltan en las ciudades musulmanas el ágora, los locales para las asambleas ciudadanas, los circos, teatros, anfiteatros, estadios, etc. Lo único que se conservaron fueron las termas, convirtiéndolas en organizaciones más modestas y más estrictamente dedicadas al baño. [...]

En cambio existe un elemento primordial de la ciudad musulmana que es la puerta. Todas las ciudades de la Edad Media, por el hecho de estar amuralladas, tenían puertas, algunas muy importantes, pero en ningún caso alcanzaron el carácter decisivo que tienen las puertas en la estructura de la ciudad musulmana. Las puertas, además de un valor simbólico preponderante, lo tenían también funcional. No se trataba en muchos casos de simples puertas, sino de verdaderos organismos arquitectónicos, a veces de gran complejidad. Puerta solía ser doble; una primera daba paso a un amplio espacio como patio de armas. Atravesando este patio se llegaba a la segunda puerta, que por fin daba entrada a la medina. [...] La puerta es como el gigantesco vestíbulo de la ciudad, donde se recibe al visitante...como un gozne entre el espacio exterior y el interior de la ciudad. Muchas veces en la inmediación de las puertas es donde se establecen los zocos y mercados, constituyendo las llamadas plazas del arrabal."

(Fernando Chueca Goitia: "Breve historia del urbanismo")