Mies en América PDF Imprimir Correo
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Mies no se insertó con la facilidad con que lo hizo Gropius en el sistema socio-económico americano. Utiliza las posibilidades tecnológicas americanas pero sigue siendo obstinada y a veces polémicamente europeo. Ahora bien, encuentra clientes comprensivos y respetuosos con sus exigencias de artista. El “Seagram Building” (1958) surge en el centro de Nueva York, donde cada centímetro de terreno vale una fortuna y, sin embargo, su construcción no sigue la línea del terreno de que disponía. Y sus montantes metálicos, perfilados como esculturas, no son de acero sino de bronce para que tengan el mismo tono que sus cristales antisolares de color alabastro. Así pues, en América, pudo por fin Mies realizar su ansiado proyecto: el rascacielos como inmenso prisma rectangular que se levanta en el infinito espacio del cielo, como cristal que aprisiona, filtra y refrange la luz. De día, su forma luminosa resulta cálida y dorada en la tonalidad gris de la ciudad; de noche, resplandece. En sus vastísimos pisos minuciosamente cuadriculados se transcribe, con signos móviles, la vida anónima pero ordenada del interior y sus ventanas se abren y se cierran, se encienden y se apagan como las lucecitas del cuadro de mandos de un jefe de estación. O como los pequeños recuadros amarillos, rojos y azules de la vacía superficie del “Broadway boogie-woogie” de Mondrian.

Cómo pudo Mies obtener, a pesar de las dimensiones del bloque, ese efecto de inmaterialidad y levitación, se ve al observar que las aristas tienen una forma tal que unen y separan los pisos de modo que cada uno de ellos es a un tiempo superficie transparente o diafragma y cara y de un cuerpo plástico, de un sólido geométrico. A esta sensibilidad de las articulaciones corresponde un desarrollo volumétrico, llevado, es cierto, al límite extremo de una proporcionalidad de horizontales y verticales, pero contenido en los límites de una proporción, de un equilibrio que los ojos y la mente captan sin estupor ni malestar. A pesar de su tamaño, el “Seagram” es un edificio a la “medida humana”, con la salvedad de que la unidad de medida no es, como para Le Corbusier, el cuerpo humano, sino la capacidad de raciocinio, de cálculo y de reducción a la unidad de la mente humana. Por eso el "Seagram Building" de Mies destaca, entre los muchos que se edificaron posteriormente a su alrededor, quizás más altos y voluminosos que él, por la extraordinaria pureza de su forma y de su luz, como un original griego entre un conjunto de estatuas de escultores romanos.”

(Giulio Carlo Argan: “El arte moderno”, 1977)