| Musicales de Hollywood |
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"Un tratamiento diferenciado merece la arquitectura de los musicales. El género se desarrolló con fuerza durante los años treinta y cuarenta, justo cuando el Movimiento Moderno luchaba por afirmarse. [...] Interesa constatar cómo los musicales cultivaron una dualidad esquizoide que, del relato, se traspasaba al diseño: la "ficción escénica" se insertaba dentro de "la realidad" de la película. [...] En este género destacaron las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers diseñadas (o supervisadas) por Van Nest Polglase para RKO. [...] Sus rasgos más acusados eran el brillo de los suelos, la blancura de los decorados y una predilección constante por las dobles líneas paralelas, algo que Polglase habría extraído de los vehículos aerodinámicos. Esto se veía bien en el lugar donde se baila "Carioca" de "Flying Down to Rio" (1933), en "Roberta" (1935), "Swing Time" (1936), etc. Polglase inventó además un tipo peculiar de club nocturno que parecía componerse de escalera central, pista de baile y dos alas laterales. [...] También fueron notables los hoteles y los jardines-terraza con estatuas y elementos arquitectónicos estratégicamente colocados. Otra característica de los musicales: todo es blanco y reluciente, no hay una mota de polvo. Abundan los espejos, los suelos pulimentados y las superficies metálicas. [...] Todo esto implicaba conceder una primacía a lo geométrico, palpable en el entusiasmo con que se adoptaron diseños Decó con ramalazos expresionistas, atrevidos pavimentos y escenografías mucho más claramente racionalistas: "Gold Diggers" (1935) presentó una interacción perfecta entre la rigurosa ortogonalidad del escenario y la disposición coreográfica de los actores; la huella de la Bauhaus fue más evidente todavía en "Rhapsody in Blue" (1945). Todos en los musicales conducía a una curiosa paradoja: la arquitectura, aun siendo "moderna", estaba en las antípodas del espíritu austero y funcional del racionalismo. En muchas ocasiones, en efecto, se alcanzo el surrealismo más desaforado. ¿Cómo olvidar el piano (tan grande como una casa) de "King of Jazz" (1930), las escaleras-faldas de "Gold Diggers", o las fantasías chinescas de "Ziegfield Follies" (1946). El delirio se alcanzó con un set de "Small Town Girl" (1935). En este y en otros ejemplos el efecto fue literalmente fantástico. Parece, pues, que el cine logró una "cuadratura del círculo" aparentemente imposible: hermanar la rigidez puritana de la estética racionalista con el delirio del surrealismo. ¿Cómo extrañarnos de que Dalí, inventor del "método paranoico-crítico", acusara el atractivo fascinante de Hollywood?" ("La arquitectura en el cine. Hollywood, la Edad de Oro". Juan Antonio Ramírez) Otros artículos de esta sección...
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