Obras (de arte) son amores PDF Imprimir Correo
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“Homenaje póstumo: ¡y qué cadáver más grande! Habrá para todos, durante muchos días. Si alguien quiere estudiar la tendencia de los mentecatos al lirismo, le aconsejo frecuentar las necrologías; en el velorio, el idiota cultural se crece. “¡Adiós, adiós, blanca paloma pinturera! Era muy español: le gustaban el tabaco negro y los toros. Fue la figura más grande del siglo.” Se sacan los metros, se miden los cadáveres embalsamados y el difunto reciente: más grande que Sorolla y Nonell juntos, casi da la talla de Goya, supera a… Y eso de la pérdida irreparable, repetido hasta el vómito por los contables del patrimonio cultural: una pérdida por valor de… Dieciocho mil cuadros: atiborran los museos ---a ver si nos toca alguno en la pedrea final---, valen millones de millones, significaron esto y lo otro; se rastrea con entusiasmo demente las cenizas indescifrables que el genio dejó al pasar. Obras (de arte) son amores.

En el reino de la muerte, triunfa la cultura. Vivo, el artista es escándalo, subversión y amenaza: muerto, logro innegable del genio de nuestra raza, bien ganancial de las historias del arte en fascículos y de esos libros caros que se regala a los médicos el día de su santo. Ars longa, vita brevis: hay incluso quien se encarga de acortársela al artista, si éste no pone tierra por medio. Hoy, la noticia de la muerte; mañana, la del centenario: ruede la conmemoración. Mientras tanto el artista en la cárcel, en el manicomio o, si dimite, en la Academia. Lo primero es lo primero: lo único que cuenta es que siga el espectáculo.

Sólo los bárbaros nos enseñan las cosas: entran en la galería, apuñalan el papel pintado que de algún modo oscuro les amenaza, presienten que se pinta contra ellos. Saben dónde están y lo que quieren; no menos amenazado ni meno ajeno a la creatividad, el severo guardián de cualquier museo se rasga las vestiduras: bárbaros, así no se juega… mientras se puede jugar de otro modo.

También Bertolucci y Buñuel se van a morir: ¿por qué no se proyecta el “Último tango” o “La Vía Láctea”, y eso que llevamos ganado para el día de la conmemoración fúnebre? […]

El viejo se llevó a la cama cuadernos y lápices de colores; jugó hasta las tres de la madrugada a cosas que los necios que ponen nombres a la cosas nunca sabrán.”

(Fernando Savater: “En la muerte de Picasso”. En: “Escritos politeístas”, 1975)