Panteón de Roma PDF Imprimir Correo
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"Si antes hemos definido la época de Augusto como un período de formación de la arquitectura romana, la época de Adriano puede calificarse con igual justicia del período culminante. Adriano viajó por todo el Imperio, y [...] algunos de los edificios de las provincias asociados a su nombre, entre los que se cuentan su biblioteca y su arco en Atenas, su templo en Éfeso y su muro en Britania. Sin embargo, es en el Panteón de Roma, reconstruido por Adriano desde los cimientos y aún en pie prácticamente intacto, donde podemos evocar de una manera más precisa aquella experiencia contemporánea a través de esta obra maestra de la arquitectura.

Cuando se construyó el Panteón, los edificios circundantes ocultaban gran parte de lo que ahora podermos ver del exterior de la rotonda. La vista del templo, desde su parte delantera, estaba dominada por un pórtico muy convencional, cuyo frontón reposaba en ocho columnas de granito egipcio. La inscripción da fe solamente de la construcción original a cargo de M. Agripa, pero la ornamentación arquitectónica es en su totalidad de estilo adrianeo, y las marcas de los ladrillos de la rotonda la fechan entre el 118 y el 128 de nuestra era. El carácter tradicional del pórtico no prepara en absoluto al visitante para la sorpresa que depara el gran espacio con cúpula del interior. La geometría de dicho espacio es elegamentemente sencilla: un cilindro coronado por una cuúpula hemisférica, de modo que la altura total interior de 43,20 m es igual al diámetro.

Los muros de hormigón revestidos de ladrillo tienen un grosor de 6 m, pero los profundos entrantes rectagulares y semicirculares de la pared interior albergan una serie de pilares que soportan el peso de la superestructura y lo dirigen hacia el robusto anillo de los cimientos, que llega a una profundidad de 4, 5 m. Los arcos de descarga de tejas, visibles desde el exterior, se extienden a través del núcleo de hormigón, y ya durante el proceso de construcción habían sido necesarios para desviar el enorme peso. Se prestó una especial atención a la elección de los materiales para la composición del mortero, y se recurrió a la consistencia del travertino para la parte inferior y a la ligereza de la toba y de la piedra pómez para la cúpula.

El interior de la cúola está ornamentado por un profundo artesonado (que probablemente en un principio era dorado), dispuesto en cinco filas decrecientes de veintiocho casetones. El factor siete de este número contrasta con la disposición óctuple de los entrantes de la pared y de las "aediculae" que hay entre ellos, sutil variación en el ritmo de la decoración que parece separar la cúpula del cilindro sobre el que descansa. El "oculus" de la parte superior, que constituye la única entrada de luz, atrae la mirada hacia lo alto, pero existe también una discreta nota de axialidad que recorre la rotonda desde la entrada hasta el ábside del lado opuesto. No hay en este edificio sensación alguna de espacio cerrado: parece alto y amplio. Incluso el peso de la estructura de cemento, tan sólida en su apariencia exterior, es contrarrestado en el interior por la variedad de la superficie y por el contraste de luces y sombras; contribuyen a este efecto los entrantes, las "aediculae", las columnas y pilastras estriadas de granito y los vivos colores del mármol y del pórfido en el suelo y los paneles de las paredes. La decoración de estuco que hay entre la primera cornisa y la cúpula fue añadida en el siglo XVIII, pero se consiguió reproducir parte de la original a partir de ilustraciones antiguas."

("La arquitectura" (Thomas Blagg), en "El arte romano", Martin Henig, dir., 1983)