Textura y alucinación de Antoni Tápies PDF Imprimir Correo
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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)   

 

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“Mientras que en la primera mitad de siglo España, y particularmente Cataluña, conoció la emigración de sus principales creadores   ---Picasso, Gris, Dalí, Julio González, por sólo citar algunos---,  la segunda mitad de siglo se va a caracterizar por el fenómeno contrario: Barcelona va a funcionar, en detrimento de París, como el primer centro internacional del Informalismo, y un pintor catalán, Antoni Tápies [1923-2012], va a convertirse en cabeza del Movimiento y en uno de los artistas más cotizados del mercado artístico mundial.

Tápies, que en 1945, contando con veintidós años de edad, hace sus primeras exposiciones, va a seguir quemando etapas de una carrera meteórica que le llevará a obtener los galardones de la Fundación David Bright y Unesco, en la Bienal de Venecia de 1958, y del Instituto Carnegie, en la exposición de Pitssburg del mismo año. (Al saberse premiado por el Instituto Carnegie, Tápies confesaría: Para mí, los 12 pintores fundamentales son: Klee, Kandinsky, Mondrian, Miró, Wols, Max Ernst, Duchamp, Pollok, Dubuffet, Fautrier, Tobey, Cliffort Still.)

Antes de formar parte del grupo Dau al Set, Tápies va a sorprender, en 1945, con retratos expresionistas como Pintura ralleu y, lo que es más importante, por un extraordinario sentido de la textura, por la capacidad de alucinación en la concreción de imágenes y por una técnica de grueso empaste y de labrado de la materia que utilizaba el grattage   [...se reparten colores de manera arbitraria sobre una tabla de madera. Una vez secos, el artista graba con una cuchilla afilada dibujos  a manera de sgraffiti sobre la superficie coloreada. Además de Max Ernst, utilizó este sistema de elaboración del cuadro el pintor húngaro Simon Hantai en los años cincuenta]   como procedimiento único de diseño. He aquí las bases sobre las que volverá, una y otra vez para arrancar con más fuerza creativa: la concepción mural, la proximidad al esgrafiado, la superposición de capas de color y de materiales que se pegan y se arrancan.

Pero distintivo de esta etapa será no la sujeción a una única dirección creativa, sino la indagación tras relectura de la obra y aportaciones de maestros procedentes de nuevos modos de concepción y realización de la actividad pictórica. Es una época de admiración de Van Gogh y Picasso, y, por tanto, de gruesos empastes y ricas adherencias. Los collages, de 1946, con papel de plata y de diario y con hilos de color que se sirven para estructurar un espacio topológico tienen tanto que ver con las enseñanzas cubistas como con la intencionalidad dadaísta. [...]

A partir de 1948 el factor gráfico irá sustituyendo al azul celeste, rosa, blanco y ocre amarillento, la complejidad creciente de la imagen se realizará por medio de una técnica de grabado de empastes, pero el ilusionismo pictórico queda a salvo.  [...]

Es la época de Dau al Set, en que Antoni Tápies conoce y visita el estudio de Joan Miró, admira a Paul Klee, traba amistad con los poetas Joan Brossa y  J. V. Foix y es invitado a participar en los Salones de los Once y de Octubre o toma parte en las actividades del grupo Cobalto 49, que patrocina el Instituto Francés de Barcelona. ”

(Gabriel Ureña: “Las vanguardias artísticas en la postguerra española. 1940-1959”. 1982)