C. Monet: "Impression soleil levant" PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

IMPRESSION SOLEIL LEVANT.

C. Monet

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1872.

Museo Marmottan. París.

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Este cuadro lo pintó C. Monet dos años antes de organizarse la primera exposición Impresionista en el estudio del fotógrafo Nadar. Es por tanto una de las obras emblemáticas de ese primer momento que dio luz al movimiento Impresionista y uno de sus principales iconos. Es también una muestra hermosa del triunfo del color, de la pincelada suelta y vibrante, de la instantaneidad apresada eternamente, de una impresión grabada para siempre en la retina.

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Al respecto dijo de este cuadro el propio pintor: “El paisaje no es otra cosa que una impresión, una impresión instantánea, de ahí el título, una impresión que me dio. He reproducido una impresión en Le Havre, desde mi ventana, sol en la niebla y unas pocas siluetas de botes destacándose en el fondo... me preguntaron por un título para el catálogo, no podía realmente ser una vista de Le Havre y dije "pongan impresión".

Ciertamente la obra no gusto en absoluto en su momento, el crítico L. Leroi dijo al verlo: "Impresión..no me cabe duda. Me decía a mí mismo que, como estaba impresionado, debía haber alguna impresión allí..y qué libertad, que fácil artesanía ! El empapelado en su estado mas embrionario tiene más terminación que este paisaje marino”.

Al contrario que otros cuadros del mismo autor o del grupo impresionista que llenan las paredes de las pinacotecas más famosas del mundo, éste se encuentra en uno de los museos más modestos de París, aunque no por eso menos encantador. Concretamente en el Museo Marmottan.

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EL PORQUÉ DE SU BELLEZA 


Toda la obra impresionista nos cautiva por la fuerza de la luz y su riqueza de color, y así ocurre en toda la obra de Monet y por supuesto también en este cuadro. El color es sin duda su principal valor. Un color repartido tan sólo entre dos gamas, pero de una enorme fuerza relacionados entre sí. Son en realidad dos colores complementarios, naranja y violeta, que refuerzan su intensidad al combinarse, pero que además se enriquecen con una paleta que sombrea con color, como ocurre en la obra impresionista, y que por ello multiplica la variedad cromática y con ello la alegría de mirarlo.

Pero en esta obra, mucho más que en otras del mismo periodo, no es sólo el color el que otorga al cuadro su belleza, en esta ocasión es también la capacidad del pintor para captar el instante. Es otra de las características que definen el impresionismo y que en buena medida constituye el atajo que nos lleva a asociar la imagen con una impresión única e irrepetible en la que pareciera que el tiempo se detiene.

Habitualmente los impresionistas jugaban con las sombras y las luces y sobre todo con los reflejos y brillos sobre el agua con los que lograban trasladarnos esa sensación. En esta obra también Monet utiliza los reflejos de un sol perezoso que se abre paso entre las nubes, pero no se queda simplemente ahí. Las formas se diluyen, el paisaje se deshace entre la bruma y una sensación de que el tiempo se detiene contemplando este amanecer nos envuelve a todos los que lo miramos. Como un momento irrepetible, como una esquirla de vida que se queda para siempre atrapada en la memoria. Que eso es la vida, un retazo hecho de instantes inolvidables. Por eso este cuadro es un instante de vida, pero no sólo de quien lo pintó, sino lo más importante, de todos aquellos que nos hemos quedado prendados mirándolo como si fuera nuestro el momento. Inolvidable.


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